domingo, 21 de septiembre de 2014

Un hombre tímido


Escribir para Alberto es como sacar a la luz lo que mantiene en la sombra. Es tan tímido que dice con los ojos y las manos lo que no se atreve con los labios. Nadie entiende sus silencios. Su mujer, Ana, tuvo que tomar la iniciativa para que su relación no se hiciera interminable. Un buen día encontraron el método perfecto para comunicarse: la palabra escrita.

Alberto con una hoja en blanco y un lápiz cada día más pequeño es capaz de sacar a la luz todos sus sentimientos. Sus relatos han conseguido que su relación con Ana mejore día a día. Lee sus cuentos en la cama y en ocasiones hasta los explica.

Estas lecturas para Ana han sido un hallazgo.

Los cuentos hablan de diversos temas, reflejando su vida en común. En uno sobre el arte culinario Ana se enteró que él detesta la paella que todos los domingos es plato fijo. A ella tampoco le gusta y si la hacía era porque su suegra le había dicho que era el plato preferido de Alberto. Llegaron a la conclusión de que era a la suegra a quien le gustaba el arroz.

En otro se enteró que su voz era lo que le había cautivado, con el paso de los años seguía conservando esos tonos sensuales que aún le hacían vibrar. Ana se reía a carcajadas, la de horas perdidas frente al espejo maquillándose cuando con hablar lo tenía todo resuelto. Le contagió su risa y el vecino golpeó varias veces la pared.

Los fines de semana, con premeditación y alevosía, Ana elige el cuento que quiere escuchar. Nunca pensó que Alberto fuera tan sensible en sus frases cuando con los gestos es tan brusco. Y aunque sigue siendo de pocas palabras desde que escribe cuentos hace un mejor uso de sus manos, sus labios, sus ojos, ...

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