domingo, 21 de enero de 2018

Amantes de mis cuentos: La modista







La mañana en que Carmen se bajó de aquel tembloroso tranvía, se dio de bruces con un buen chaparrón: «Estoy en San Sebastián» y sintió un temblor en las rodillas. Era la primera vez que a sus catorce años viajaba tan lejos del caserío. En el pecho guardaba una carta de recomendación con la dirección de una casa. Su madre, Miren, llevaba años trabajando de cocinera durante el verano para una marquesa, que un día se fijó en la cofia y el delantal que usaba y preguntó de dónde los había sacado. Me los ha hecho mi hija, fue la respuesta. ¿Me permite? Solicitó la marquesa alargando el brazo.


Sin saber si aquello era bueno o malo se despojó despacio de las dos prendas que fueron examinadas con gran detenimiento. ¡Vaya, vaya! ¿Quién ha enseñado a su hija? Nadie, señora, le sale de muy dentro coser así. Paño que cae en sus manos se convierte en algo útil.


-Qué venga a verme -ordenó la marquesa.  


«Camina, hija, hacia tu futuro» le había dicho su madre cuando le entregó una faltriquera con los pocos ahorros familiares.


Subió despacio los escalones y tocó a la puerta. Una joven preciosa, con cuerpo escultural, le franqueó la entrada. Con voz inaudible dijo que quería ver al señor Cristóbal. ¿Para qué? No sé. Traigo una carta de la marquesa y ahuecando el escote del vestido la sacó y se la entregó. Con ella en la mano, pidió que la siguiera a una sala y la instó a que se sentara y esperase.


Ante ella, una muñeca de su tamaño la miraba fijamente. Regresó la joven y comenzó a vestir aquella figura que tenía unas ruedas o tornillos, no alcazaba a ver bien, que estaban medio hundidos en los laterales. Al verla con ojos de asombro, la joven la miró de reojo: «Esto es un maniquí, que sirve para hacer vestidos con la talla exacta de las clientas. Si engordan o adelgazan, aunque solo sea cincuenta gramos, pues con darle una vuelta de tuerca, ya está».


Carmen apretó el hatillo sobre sus muslos. Intentó decir algo pero había perdido el habla.


La joven trasteaba entre unas telas a las que llamó retor. ¿Sabes qué es? Con la cabeza asintió. «Es un buen algodón, mi madre la llama lienzo moreno o glasilla», se la oyó balbucear sin que su voluntad hubiese querido hablar.


-¡Vaya, sabes de tejidos!


Y declamó como si fuera una actriz, que dicha tela se usaba para la confección de enaguas, para los trajes regionales, para tapizar las partes que no están a la vista en los sofás, para forrar cortinas…


-También como trapo de limpieza -esa era Carmen interrumpiendo.


-Pues sí… -y la joven se dignó a mirarla de arriba abajo. El silencio se volvía engorroso.


-¿Eres la nueva chica de la limpieza?


-No sé… Me dijeron que viniese.


-Pues, estás en un taller de costura. En francés es «atelier».


-¡Ah!


En ese momento entró un hombre con su carta en la mano. La miró con minuciosidad.


-¿Qué sabes hacer?


-Nada.


Con esa simple respuesta sintió que él la miraba con sorpresa y simpatía.


-Tengo entendido que sabes coser.


-Eso sí.


-A ver, aquí tienes un maniquí, esta tela y este diseño. Enséñame lo que haces.


-Yo nunca he cosido sobre una muñeca, yo a la Bernarda le coloco la tela encima y con el metro al cuello, dando un poquito de aquí y otro de allá, voy cortando. 


El hombre hizo un gesto a la joven para que se quedara estática ante Carmen y pudiera trabajar sobre ella.


Con la tijera en mano, los alfileres en la boca, aguja, y hebra engarzadas, se sintió en su ambiente, se olvidó de todo y demostró su saber. Con los años aprendió a enriquecer con bordados a mano, lentejuelas y pedrerías, los vestidos que debía confeccionar. Viajó a Madrid, Barcelona, París. Conoció una larga lista de mujeres de la alta sociedad y de la nobleza, siempre a la sombra de aquél, que en una mañana lluviosa, se quedó con la boca abierta al verla trabajar.



© Marieta Alonso Más

viernes, 19 de enero de 2018

Amantes de mis cuentos: Cáncer

Cáncer

Nada más verle sentí un escalofrío. Era él. ¡No! ¿Sí? Mejor salir de dudas y decidida me acerqué a la barra.

No tuve necesidad de iniciar una conversación. El camarero solícito le estaba preguntando:

-¿Otro whisky, Sr. Campos?

No. No era él. Tampoco podría ser un hermano ya que era hijo único, a no ser que…

Recordé aquél primer beso de René que me viene siempre a la memoria cuando pruebo y comparo. Hasta ahora no ha habido nadie que le superase. No solo era inteligente para solventar los problemas que en aquel entonces me perturbaban, era emotivo, sensible, algo misterioso e intuitivo, como buen Cáncer.

Con la cabeza en mis pensamiento no me di cuenta que llevaba un buen rato en su punto de mira. Solo al sentir un tintineo de cristales volví en mí, entonces miro a ese hombre que con una sonrisa me desea: «Salud». Le devuelvo el cumplido.

-¿Cómo te llamas?

-No. No. El interrogatorio lo comienzo yo. Tu nombre y tu signo zodiacal.

-Gonzalo. Cáncer.

Justo lo que necesitaba para entretenerme este mes.

Tigre



© Marieta Alonso Más

miércoles, 17 de enero de 2018

Nuevo Akelarre Literario nº 28: El Olivo


El Olivo
Carlos Franco Rubio

Papel pintado con tinta china de barra rematado el verde con acrílico en Roquissart, Mallorca. Año 2012.

Nacido en Madrid en 1951 es una figura emblemática de la Nueva Generación Madrileña, movimiento que irrumpe en los años 70 regresando a la expresión figurativa. La inquietud creativa de este gran autodidacta rompe con las barreras convencionales.

Su pintura desprende voluptuosidad y gran gusto por los mitos, la magia, el inconsciente, así como referencias clásicas a maestros decimonónicos libremente interpretados.

Autor de una de las obras más singulares de arte en Madrid, las  pinturas murales de la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor concurso que ganó en 1989.

Está presente en todas las grandes ferias de Arte del mundo, Basilea, Arco, Colonia… En 2015 un rotundo éxito en Pekín, así como en el año 2004 en una exposición itinerante en Panamá, Colombia, Brasil, Costa Rica y otros países de Latinoamérica, le definen como un autor consagrado en el panorama artístico internacional.

Para leerlos pinchad aquí

domingo, 14 de enero de 2018

Amantes de mis cuentos: Sagitario

Sagitario

Por fin llega el último mes del año. 

He llevado tal ritmo que estoy verdaderamente cansada. Y eso me hace ser bastante imprevisible. 

Mis amigos no se creerán que con mi carácter tan dulce y abierto haya sido capaz de matar al grillo del hijo de mi vecina. No me arrepiento. Me estaba sacando de quicio. Y ahora me siento verdaderamente mal pues el niño me mira y solloza. Seguro que la arpía de su madre le fue con el cuento.

Basta ya de sermonearme con la mirada, le digo. Y sigue con los pucheros.

Pondría punto final a este episodio si no fuera porque Marcos, mi apasionado, dinámico y temperamental, Marcos, se ha hecho amigo de este renacuajo y resulta que son del mismo signo zodiacal, sagitario. Así que sin pensarlo me acerqué a ellos, ya que dicen que se enojan y perdonan con la misma facilidad y pedí que me concedieran un indulto por mi crimen. 

Como los dos están como una cabra me dijeron que la absolución sería total si les compraba una jaula de grillos a cada uno.

Creo que el próximo año me lo pediré sabático y lo que es Marcos no llega a fin de mes.

Horóscopo chino. Cabra



© Marieta Alonso Más

miércoles, 10 de enero de 2018

Amantes de mis cuentos: Semblanza de mujer (Versión francesa)

VISAGE DE FEMME 
 


Comme tous les mercredis, je suis allée aujourd’hui visiter un musée. Me voilà assise depuis des heures devant ce tableau, ensorcelée par ce regard insondable. Je souris. Ses yeux parlent d'une femme romantique mais les lèvres dénotent une telle force. Tout comme moi, je tarde à me fâcher …mais quand je le fais….

Un homme de belle prestance vient s'assoir à côté de moi et se demande à haute voix quels secrets garde cette image. Je souris.

- Nous avons tous quelque chose à cacher j'affirme dans un murmure.
-  Bien sûr répond l'inconnu.

Il n’y a pas de raison que je raconte ma vie à n’importe qui:  qu'est-ce que je pourrais lui dire? …. Mais .. si je lui ouvrais mon coeur en attribuant à cette femme ce que je n’oserais jamais raconter à personne???  Pourquoi pas maintenant ???

-  Regardez ses yeux je remarque ce n'est pas de la tristesse qu'ils reflètent… c'est de la détermination. L'image de son mari la poursuit dans ses rêves: il se cache chaque nuit dans l’ombre, sans parler, son regard fixé sur elle, il attend. Chaque matin elle se réveille avec  l’impression d’être accompagnée. Chaque après-midi elle entend l’air de cette chanson qu’ils ont dansée, très serrés l’un contre l’autre,  le jour où ils se sont rencontrés. Elle n’avait que quinze ans.. Il l'a ensorcelée avec sa flatterie et sa présence, en lui parlant d’amour à l'oreille. Et elle, toute sotte, elle l’a cru…

- Le jeune âge favorise les folies –raisonna l'homme–  .

- Et oui –j’acquiesçais–.
                                      
- Continuez, s'il vous plaît.

- Il lui a fait deux enfants et une nuit étoilée, sans venir à propos,  alors qu’ils rentraient d'une fête, il lui raconta avec force détails qu'il fréquentait une douzaine de femmes. Elle ne pouvait pas le croire. Pour augmenter son ego, il appuya sur l’accélérateur pour donner une plus grande impétuosité à ses mots, qui ne furent que… Elle sentit le sang lui glisser jusqu’aux  pieds. Comme si c'était une plaisanterie: maintenant elle pouvait partir avec ses enfants, dit-elle en lâchant son meilleur sourire, ou travailler comme lavandière, ou être complaisante avec les amis qu’il pourrait lui apporter chaque soir.

Espèce de cochon, pensa-t-elle.  Elle regarda par la vitre: les arbres défilaient vertigineusement. Le coup de volant fut si violent que la voiture –avec laquelle il se donnait de si grands airs– dérapa d'abord pour se renverser ensuite. Elle eut juste le temps de se sauver en sautant avec l'agilité de sa jeunesse. Elle mesurait bien les temps.

Après le deuil, la vie pratique s’imposa. Avec les autres maîtresses, maintenant  elle s'occupe de diriger l'affaire si bien montée par son mari.

Le fait qu’il lui apparaîsse  chaque nuit dans ses rêves se doit sûrement à son impatience pour se venger d'elle. Pauvre malheureux.. il en a encore pour un bon moment!!!!!
- Et vous….  comment savez-vous tout ça????

- Pure intuition, Monsieur, pure intuition….



Traducida por: 

María Ramírez Sánchez nació en Melilla y con 8 añitos se fue a vivir a Oujda, una ciudad del entonces protectorado francés del norte oriental de Marruecos, a muy pocos kilómetros de la frontera con Argelia.



Con 21 años se vino a Madrid, donde ha trabajado haciendo traducciones francés-español hasta su jubilación, y donde ha formado una bonita familia de la que se siente muy orgullosa.

Un millón de gracias María.


Semblanza de mujer


Hoy, como todos los miércoles, he ido de visita a un museo. Llevo horas sentada ante este cuadro, embrujada por esa mirada inescrutable. Sonrío. Sus ojos hablan de una mujer romántica pero los labios denotan fortaleza. Lo mismo que yo, que me cuesta actuar pero si me hacen daño no me dejo poner un pie encima.

Un hombre bien plantado se sienta a mi lado y se pregunta en voz alta qué secretos guardará esa imagen. Sonrío.

-Todos tenemos algo que ocultar -afirmo en un murmullo.

-Por supuesto -responde el desconocido.

No tengo por qué contarle mi vida a nadie, ¿qué podría decirle?, pero y ¿si me desahogo achacándole a esta mujer lo que a nadie se me ocurriría contar? ¿Por qué no ahora?

-Mire usted sus ojos -señalo- no es tristeza lo que reflejan. Es determinación. La imagen de su marido la persigue en sueños, cada noche se esconde entre las sombras, sin hablar, con su mirada fija en ella, esperando. Cada mañana despierta como si estuviera acompañada. Cada tarde oye los sones de aquella canción que bailaron muy apretados el día en que se conocieron. Tenía quince años. La embaucó con su lisonja, su presencia, susurrándole amor al oído. Tonta de ella que le creyó.

-La edad -razonó el hombre- propicia locuras.  

-Pues sí -asentí.

-Continúe, por favor.  

-Le hizo dos hijos y sin venir a cuento, una noche estrellada regresando de una fiesta, le comentó con pelos y señales que tenía relaciones con una docena de mujeres. No se lo podía creer. Vanagloriándose apretó el pedal y aceleró para darle mayor ímpetu a sus palabras, que  no fueron otras que ofrecerle… Sintió que la sangre se le iba a los pies. Como si fuera un chiste: podía marcharse con los niños -soltó con su mejor sonrisa- o trabajar de lavandera, o ser complaciente con los amigos que él podría traer cada noche.

Pedazo de cerdo, pensó. Miró hacia la carretera, los árboles pasaban vertiginosamente. Tan violento fue el volantazo, que el automóvil -ese con el que tanto presumía-, derrapó primero para volcar después. Ella tuvo tiempo de salvarse al saltar con la agilidad de su juventud. Se le daba bien medir los tiempos.

Tras el féretro lo práctico se impuso. De acuerdo con las otras amantes, ahora se dedica a regentar el negocio tan bien montado por su marido.

Que aparezca cada noche en sus sueños, debe ser que está impaciente por vengarse de ella. ¡Infeliz! Tiene para rato.

-Y usted ¿Cómo lo sabe?

-Intuición, caballero, intuición. 




© Marieta Alonso Más