domingo, 20 de agosto de 2017

Nuevo Akelarre Literario nº 23: La pesca del atún en Ayamonte




La pesca del atún, cuadro que inspira este mes nuestros cuentos, fue realizado en el año 1919 por el pintor español Joaquín Sorolla Bastida (1863–1923). 
Muestra la tradición pesquera de la almadraba, arte que ya fue utilizado por fenicios, griegos y cartagineses en las costas españolas, cuando en la primavera, época de celo, los atunes nadan desde el Círculo Polar Ártico hasta el mar Mediterráneo, buscando sus aguas calientes para el desove.
Hasta septiembre de 2017 se pueden ver en el museo de El Prado de Madrid, las pinturas cedidas por la Hispanic Society of America.


Pinchad aquí y podrás leer nuestros cuentos
http://www.nuevoakelarreliterario.com/la-pesca-del-atun-en-ayamonte/#







Espero que os gusten

domingo, 13 de agosto de 2017

Amantes de mis cuentos: Ida y vuelta



Era invierno. El frío se colaba por las rendijas hiriéndome la cara, las manos y el trocito de pierna que se quedaba al aire entre los calcetines y el pantalón. Estaba aburrida y cansada de tanto esperar. No sé qué hacía allí, encaramada en nuestra única maleta. Mi mamá me aconsejó no tocar nada. Nos vamos a otro país en busca de una buena vida, eso lo dijo papá y mamá contestó que era lo mejor que se podía hacer si queríamos salvar el pellejo. Estoy triste. No tengo con quién jugar. No hay ningún niño a la vista. Y como mis padres están nerviosos, es mejor que me aleje de ellos no sea que reciba una regañina. Al no tener nada que hacer, me tumbé en el suelo, y me dormí.

Recuerdo ese día como si fuera ayer ¡Y ya han pasado setenta años! Aquella niña hoy habla, sueña y piensa en francés. Con mis padres fue distinto. Ellos no llegaron a aprender bien el nuevo idioma, lo chapurreaban, con terminar las palabras en “e” pensaban que les entendían. Lo que sí hicimos siempre fue comer en español: cocido, tortilla de patatas, paella.

Con ellos hablaba nuestra lengua materna y con los demás en mi idioma de adopción. Cuando teníamos que hacer alguna gestión en la escuela o ir al médico, les servía de intérprete desde bien chiquita. En el mercado, al principio, mi madre se hacía entender por señas, pero luego aprendió las palabras necesarias para comprar.

Trabajó en una fábrica de cerveza y regresaba a casa agotada, mi padre como era un gran mecánico, entró en Peugeot, y a la noche se desplomaba estrepitosamente en su sillón preferido.

−Da gracias a Dios que no tienes que estar en la construcción−, le reconvenía mi madre.

Los años fueron pasando y mis padres no dejaban de mirar hacia España. Yo, en cambio, con la vista puesta en París me fui a estudiar a la Sorbona. Me casé con un chico francés, a pesar de que mis padres pusieran el grito en el cielo.

−Ahora sí que nunca regresaremos a nuestra tierra. Entre Franco que no se muere y la niña que se casa, ¡apañados vamos!− rezongaba mi madre.

En mi nuevo hogar pasar de una lengua a otra era lo habitual, así mis hijos tuvieron dos idiomas sin grandes esfuerzos y pudieron comunicarse con los abuelos, que les enseñaban a cantar villancicos, coplas, a bailar la jota y a comer como es debido.

Hoy regreso a España con uno de mis hijos, el soltero, que a sus muchos años no quiere dejar de cumplir lo que prometió siendo niño a los abuelos: volver en su nombre.

Y me siento extraña. 


© Marieta Alonso Más

domingo, 6 de agosto de 2017

Nuevo Akelarre Literario nº 15: Carta de Santa Claus - Mark Twain


Biblioteca de Mark Twain



Mark Twain, cuyo nombre real era Samuel Clemens, nació en 1835, año en el que el Cometa Halley pasó cerca de la Tierra. En 1870 se casó con Olivia Langdon. Tuvo un hijo, Langdon, y tres hijas: Susy, Clara y Jane. Mark Twain hacía que las Navidades en su casa se celebraran de forma especial. Una de ellas, le escribió a su hija Susy, una niña de apenas 3 años, una carta haciéndose pasar por Papá Noel, misiva llena de encanto, que quizá fue escrita en la biblioteca que hoy sirve de inspiración a nuestros cuentos. Murió en 1910.



Sus obras más conocidas son El príncipe y el mendigo, Un yanqui en la corte del Rey Arturo, Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn.




Para leer nuestros cuentos, pinchad en el link



Disfrutad de ellos.

domingo, 30 de julio de 2017

Amantes de mis cuentos: Tauro


Signo zodiacal: Tauro





Claudia encontró para este mes a su Tauro, Eduardo, de treinta y dos años, emocional, tozudo, gruñón, con una gran fuerza de voluntad… Su elemento es Tierra y su planeta Venus. Su horóscopo chino le cataloga como rata. Considera que las prisas no son buenas por lo que evita apresurarse, cada cosa a su tiempo, ha proclamado. Como no se dé prisa se le pasa el mes, pensé. 

Claudia ha inventado ir de excursión con Eduardo, conmigo y con todos sus ex, por lo que alquiló un coche de siete plazas.  

La excursión estuvo bien. De vuelta me tocó sentarme entre Antonio y Berto. El primero siempre tan cariñoso conmigo, se me acercaba, me abrazaba, me revolvía el pelo, nos tocábamos sin mayor importancia. En cambio, Berto, que cuando le conocí me pareció tan normal, que hasta pena me daba, es algo rarito, no se movía, parecía una efigie, pero su pierna cada vez apretaba más la mía. Le miré y estaba absorto con la vista al frente, hacia Claudia, la conductora.

Con el vaivén del coche fue acomodando su muslo contra el mío y sentí su piel y su calor que se iba intensificando por momentos. Le miré a la cara pero estaba conversando con toda naturalidad con los que iban en la parte delantera.

Miré y tenía espacio suficiente, en realidad, ocupaba solo parte de su espacio y el mío. Me moví algo brusca pensando que con ello, él se iría a su sitio pero lo que hizo fue poner mi pierna totalmente debajo de la suya.

Hice como si me desperezara y aproveché para empujar su pierna, sin miramiento, para su lado. Ocupó su espacio físico y vital. No habían pasado diez segundos cuando de nuevo su muslo estaba sobre el mío. Su calor quemaba, casi, casi se oía chisporrotear la piel. Lo peor es que me gustaba ese lenguaje corporal aunque a decir verdad no estaba muy segura de su significado, porque su cara permanecía inmutable.

Acercó su brazo y llegué a pensar que de los costados saldría fuego. Yo intentaba encontrar su mirada pero él como si no estuviera pasando nada. Y juro que no fue mi imaginación, porque ahora en casa veo que tengo alguna que otra ampolla en todo mi lateral derecho.


Considero que habrá un enfrentamiento serio entre Acuario y Tauro. No creo que Berto tenga ningún interés por mí. 


Signo de la rata




© Marieta Alonso Más

domingo, 23 de julio de 2017

Amantes de mis cuentos: Popurrí de Habaneras







Cuando salió de La Habana el cielo lloró.

Tanto, tanto que se inundó el malecón, las calles, los jardines, los patios, la cocina y el agua llegó al borde de la cama donde se encontraba llorando Zulema, la bella mulata.

Su marinero había embarcado rumbo España. ¡Difícil predecir su vuelta! Allá en la manigua quedaron susurros, caricias, promesas de amor.

-Volveré -fueron sus palabras, lo último que acariciando sus labios le oyó murmurar.

Seis meses atrás había llegado en un barco velero, repleto de sal y nada más conocerla, prometió con pícara mirada que la camelaría con el apreciado género que traía en sus bodegas.

-¡Qué adulón! ¡Qué manera de darme coba!

Él era de Torrevieja donde se hablaba de Cuba, de su alma y sentir. 

Ella con disimulo, a través de las varillas de su abanico pudo contemplar su recia barba. Y surgió el amor.

¡Qué poco había durado la felicidad! En un pispás había llegado la hora de regresar a España, de su marinero.

Un runrún, un cuchicheo se iba extendiendo.

-Vente conmigo, hermosa cubana.

-¿Quién ha dicho eso? -gritó Zulema sentándose de un salto en mitad del lecho.

Una bandada de lindas guachinangas revoloteando a su alrededor, empujaban con suavidad la cama entre las aguas hasta llegar a la mar.





 © Marieta Alonso Más

domingo, 16 de julio de 2017

domingo, 9 de julio de 2017

Amantes de mis cuentos: Aries


Representación del carnero ariano


¡Ay, David! A sus treinta y tres años es apasionado, dinámico, temperamental, creativo e idealista. Menos mal que se enoja y perdona con la misma facilidad. Cansa al tener tanta energía. De tan aventurero agota y apetece quedarse en el sofá. Es un encanto, siempre listo para la acción.

Claudia le ha recomendado que lleve una vida más organizada, que piense en sus objetivos y en cómo lograrlos.

Le ha hecho caso. Y la ha llevado a conocer a su madre. La buena señora la ha mirado de arriba abajo frunciendo los labios, y le dijo con mucho amor a su hijo que, como no la había avisado, no tenía nada que obsequiarles para merendar.

-Mamá, te lo he dicho esta mañana en el desayuno.

-Mi cabeza, hijo, mi cabeza.

Claudia en un aparte, la tranquilizó:

-No creo que podamos llegar a ser amigas, a lo más seríamos aliadas. A fin de mes dejaré a su hijo, por otro.

-Me lo promete.


Horóscopo chino: Jabalí



© Marieta Alonso Más